domingo, septiembre 12, 2010

Vinagre y Rosas

Hace justo cuatro años desde que lo vi por primera vez en concierto y en todos estos años no me ha dado tiempo a conocer todas las canciones de su extensa discografía. Ésas que sus incondicionales bailan como cantan y cantan como bailan. Mis dos compañeras, Noelia e Isa, lo hacía y las conocían todas. Sabían hasta los cambios de ritmo o de orden de canciones. Una de ellas lo ha visto hasta tres veces en esta misma gira.
Cuando sonaron las primeras canciones de Vinagre y Rosas, no pude evitar recordar a mi amiga Rocío y su falta de memoria. Ésa a la que le regalé, cuando estaba todavía en el hospital, este disco para descubrir meses más tarde que, aunque no podía recordar ni siquiera qué había almorzado ese día, me cantaba una por una todas las canciones de Sabina. Me demostraba, sin saberlo, que la música se almacena en un lugar diferente dentro del cerebro. No sé muy bien dónde. Puede que donde los sentimientos por eso ella tampoco ha olvidado nunca lo mucho que quiere a su familia, lo que detesta el pueblo en el que vive o el buen rollo que siempre hemos tenido.
De eso me acordaba hasta que irrumpieron las guitarras. Muy roquero este concierto que nos ha hecho bailar y bailar hasta que los pies nos han dolido. Y todo a pesar de las polémicas, las de las canciones y las que va inventando el propio Sabina, no sé muy bien el por qué.

1 comentario:

Anónimo dijo...

He venido a buscar tu crónica justo después de leer la del periódico, sabía que tenía que estar por aquí. Un placer leerte, como siempre, y esta vez, placer por partida doble.